Qué funciona y qué no en los espacios creativos

Los espacios creativos en las organizaciones son fundamentales para la innovación, porque marcan las fronteras con el resto de operaciones diarias. Ángel Alba, CEO de Innolandia.es, nos cuenta en su artículo “Qué funciona y qué no en los espacios creativos” cómo crear espacios innovadores en una empresa.

Las empresas consolidadas pueden inspirarse en los espacios creativos en los que se mueven las start-ups de éxito. Necesitan crear un espacio físico, que puede ser una habitación, donde se llene de contenido suficiente para que surjan las ideas innovadoras. Espacios donde conseguir cierta calma, alejados de la presión diaria, que favorezcan la comunicación entre personas y no sólo de los empleados.

Un lugar donde las personas puedan:

  • Charlar unas con otras tranquilamente, para validar sus ideas, sin estar pendientes del móvil o el email del último problema.
  • Buscar información, tener acceso a tecnologías fuera de la empresa
  • Poder revisar o visualizar otras ideas para inspirarse, en forma de imágenes o prototipos
  • Disponer de herramientas y materiales para prototipar
  • Espacio para realizar ejercicios de creatividad o incluso invitar a potenciales usuarios a mostrar sus avances

Es importante tener en cuenta que por muy bonita que sea tu innovation room, si las personas no tienen tiempo para utilizarla porque están asfixiadas por el día a día y no están motivadas para innovar, la sala no servirá de nada.

Dos alternativas para crear espacios creativos para las empresas

Cuando hablamos de empresas consolidadas, para mí, lo más importante es conseguir sacar la innovación del día a día, física y temporalmente.

Físicamente consiste en asignar una sala o espacio para innovar, y puedes hacerlo de dos formas:

1.- Dentro de la empresa

Algo tan sencillo como bloquear una sala para innovar. Un espacio con tres características fundamentales:

Siempre disponible

La creatividad puede llegar en cualquier momento. No tiene horario, ya lo decía Picasso. Por eso los espacios creativos deben estar abiertos todo el día. Todos los días del año. 24h.

No estoy hablando de que los empleados duerman en la oficina. Pero si alguien tiene una idea y se le ocurre ir a las 7 de la mañana a trabajarla, lo peor que puedes hacer es que no la desarrolle porque la oficina está cerrada. Si no puede estar abierta, que por lo menos disponga de un espacio “virtual” en el que trabajar. Y por supuesto, ese espacio debería ser abierto pero sagrado. No se deben tener reuniones del día a día en la sala, para evitar “contaminar” el espacio. Porque recuerda que necesitas seguridad psicológica para innovar.

Abrir el espacio a la organización y fuera de ella.

Las buenas ideas necesitan colisionar, ser compartidas con otras personas para acabar surgiendo el insight o eureka!

Por eso el espacio debe permitir compartir las ideas y los avances con otros departamentos de la empresa, clientes y proveedores. Algunas empresas llaman a estos espacios “Show room”, pero no es eso. No es para presentar los nuevos productos, sino un laboratorio en el que surjan.

Disponer de materiales para prototipar

Las personas nos encontramos con las mejores ideas cuando se nos permite poner diferentes piezas, tratar, modificar, retocar y vuelva a intentarlo. Pero como explican en la consultora IDEO, las ideas necesitan cristalizarse en prototipos.

Mi experiencia con el prototipado es que conectamos con espacios dormidos de nuestro cerebro al manipular objetos. De repente, rompemos las restricciones mentales porque nos centramos en lo que estamos construyendo. Paredes dibujables, post-its, marcadores, materiales para prototipar, acceso a internet, cafetera y lugar para sentarse un rato.

2.- Fuera de la empresa

Hay organizaciones que apuestan por abrir sus “espacios creativos” a ecosistemas ya montados, tipo laboratorios y aceleradoras. Por mi experiencia profesional, he tenido la oportunidad de estar en diferentes espacios creativos de referencia para la innovación, como los coworking del Google Campus o ESADE Creápolis, con unidades de innovación de empresas consolidadas.

Y el ambiente que se respira es muy potente y ayuda a la innovación. Yo lo resumiría en las siguientes características: especialización inteligente (un reto claro y enfocado), espacios abiertos y disponibles, mapas visuales, mentoring y planes de formación.

Como todos están en la misma situación que tu empresa (llevar ideas innovadoras al mercado en un entorno de incertidumbre), se genera cierta empatía y compañerismo, porque todos entienden la situación de los demás.

Además, se produce lo que un cliente llama la “transferencia por ósmosis”. Es la transferencia informal, la creación de redes con innovadores, muchas veces en ámbitos lejanos al tuyo, pero que ayudan a ver los problemas desde otra perspectiva.

Es una alternativa realmente interesante para empresas de tamaño medio, porque garantiza la separación del día a día, en proyectos que están más alejados del core actual.

En síntesis

Una empresa puede tener el mejor espacio creativo del mundo, pero ser completamente inútil. Una sala preciosa que enseñar a las visitas de clientes e instituciones, pero donde no hay actividad y no se generan ideas.

Los espacios creativos necesitan ser llenados de contenido, de elementos que inspiren y ayuden a las personas a colaborar con otras, prototipar y explorar nuevas alternativas en un entorno de seguridad psicológica. Y eso es mucho más que sillas de diseño, pizarras digitales y cajas llenas de post-its.

El resto, está muy bien para la comunicación de la empresa. Pero será un desastre para la cuenta de resultados.

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