El funcionamiento del cerebro creativo

Extracto, artículo por Ángel Alba, CEO de Innolandia.es

La creatividad es una de las funciones fundamentales del cerebro, de las que existen unos cuantos mitos. Uno que seguramente hayas escuchado en algún curso o charla es que el lado derecho del cerebro es el creativo y el izquierdo el racional. En cambio, estudios científicos de los últimos años demuestran que no es así. Que la creatividad no es exclusiva de ningún lado.

Realmente es la conexión de varias redes neuronales la que permite obtener ideas diferentes y radicales. Diferentes estudios, resumidos en un genial artículo del portal Cuentos para crecer, explican en detalle la interrelación entre 3 áreas del cerebro en el proceso creativo:

El pensamiento espontáneo, que muchas veces conocemos como “insights”

Se trata del momento “eureka!”, en el que todos hemos tenido alguna vez. Cuando aparece una solución creativa para un problema, a nivel cerebral se ha detectado en el laboratorio actividad en el hemisferio derecho del cerebro, pero no es exclusivo.

El control cognitivo. La atención no centrada

Una barrera típica en las empresas para generar ideas innovadoras y creativas son los procesos de trabajo y la estandarización. Nuestro cerebro se ha acostumbrado a trabajar siguiendo un orden y es complicado sacarlo de ahí, porque es donde se siente cómodo. Ejerce un filtro sobre la información que puede ser útil o no para resolver un problema, por eso es tan complejo en situaciones de cierto estrés en el trabajo (o incluso ante un brainstorming) sacar ideas más allá de lo habitual.

Necesitamos generar espacios y situaciones de calma, que permitan observar los problemas desde perspectivas diferentes.

La memoria semántica a largo plazo

La memoria semántica es la responsable de los recuerdos a largo plazo, de carácter general: dónde estamos o qué día es. En los procesos creativos se usa esta información almacenada en la memoria semántica a largo plazo y a través del proceso del insight se une esta información a través de nuevas conexiones no existentes hasta el momento.

Resumiendo: el cerebro no genera ideas creativas bajo presión.

Como explica Steven Johnson en su libro “Where good ideas come from”, las ideas necesitan un tiempo de maduración y colisionar con otras ideas, para generar ese momento eureka.

¿Quiere decir esto que no tenemos que entrenar en creatividad a nuestros equipos?

No, ni mucho menos. Necesitamos personas y equipos con el ADN del innovador. Entrenamos al cerebro a trabajar de una forma diferente, con los comportamientos innovadores. La repetición lleva al hábito, el hábito a la rutina y esta al comportamiento inconsciente, como cuando conducimos un coche. Al final, las ideas aparecerán siguiendo el proceso neurológico que he descrito un poco más arriba, siempre que las personas tengan las condiciones necesarias para hacerlo.

La responsabilidad de los profesionales de la innovación es ser capaces de crear esas condiciones necesarias. Y una de ellas es contar con espacios innovadores.

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